Pero no olvide estar perdido: todo lo que necesita saber sobre el Alzheimer.
Con motivo del Día Mundial del Alzheimer, este artículo pretende ofrecer información exhaustiva sobre esta forma de demencia. ¿Cuáles son los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer y cómo pueden los familiares afrontar adecuadamente el diagnóstico? El Día Mundial del Alzheimer tiene como objetivo informar y dar a conocer el tema al público. La demencia de tipo Alzheimer es uno de los tipos de demencia más frecuentes y, debido al cambio demográfico, aumentará considerablemente en los próximos años. En el año 2023, vivían en Alemania alrededor de 1,8 millones de personas afectadas por la demencia. Según estimaciones actuales, se prevé que esta cifra aumente en casi un millón en el año 2025. Por ello, resulta aún más importante conocer las causas más frecuentes de la demencia, así como los signos tempranos de la enfermedad. En este artículo descubrirá todo lo que necesita saber sobre la enfermedad y qué puede hacer usted, como familiar, para mejorar la calidad de vida del enfermo.
¿Qué es la demencia de Alzheimer?
La demencia de Alzheimer es la forma más frecuente de demencia. La demencia de Alzheimer se produce cuando las células nerviosas del cerebro mueren gradualmente. Hasta la fecha, se sabe que en los pacientes con Alzheimer se acumulan depósitos de proteínas denominados placas en el hipocampo. Esto provoca la muerte de las células nerviosas y da lugar a un deterioro cognitivo cada vez mayor. Además, se sospecha que en el cerebro existe otra proteína, denominada proteína tau, que está alterada de tal manera que ya no puede garantizar el suministro de nutrientes y la estabilidad de las células cerebrales. La demencia provoca un deterioro progresivo de la memoria, trastornos del lenguaje, problemas en la capacidad de planificación y trastornos de la concentración y la atención. La demencia de Alzheimer no tiene cura. Sin embargo, existen métodos farmacológicos y no farmacológicos para influir positivamente en la demencia. Se cree que determinados medicamentos basados en anticuerpos eliminan las placas mencionadas anteriormente y, de este modo, retrasan el avance de la enfermedad. Según el estado actual de la investigación, aún no es posible detener completamente el proceso. Los factores de riesgo —es decir, las condiciones que, cuando están presentes, aumentan la probabilidad de padecer la enfermedad— son la diabetes, la depresión, la hipertensión, el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol, el sobrepeso, la falta de contactos sociales, la hipoacusia y el bajo nivel educativo. Ninguno de estos factores es un desencadenante primario de la enfermedad de Alzheimer, sino que únicamente aumentan el riesgo de padecerla. Del mismo modo, existen algunos factores protectores —es decir, factores que influyen en la probabilidad de desarrollar la enfermedad— que minimizan dicho riesgo. Entre ellos se encuentran una buena formación, una actividad física y mental adecuada, un entorno social favorable y una alimentación equilibrada, así como un consumo moderado de alcohol. Un diagnóstico de Alzheimer y los síntomas que lo acompañan pueden resultar inquietantes y provocar una gran incertidumbre, por lo que es aún más importante contar con una red de apoyo estable a su alrededor y tratar a la persona afectada con cariño y tolerancia.

Síntomas de la demencia de Alzheimer
Las demencias se asocian, en primer lugar, con un aumento de la pérdida de memoria. Sin embargo, detrás de la enfermedad hay mucho más que simple olvido. El curso de la enfermedad puede variar en parte de una persona a otra, pero en esencia es el mismo.
- Memoria: A medida que avanza la enfermedad, la capacidad de memoria se va deteriorando. Al principio se ve afectada la memoria a corto plazo y, más adelante, también la memoria a largo plazo. Los problemas de memoria a corto plazo se manifiestan en que las personas afectadas ya no pueden recordar contenidos de los que se ha hablado recientemente, como listas de la compra o la información de un texto que acaban de leer. Las deficiencias en la memoria a largo plazo se manifiestan en la incapacidad de recordar acontecimientos de la propia vida, como bodas o grandes celebraciones de cumpleaños.
- Lenguaje: Inicialmente, la demencia de Alzheimer puede manifestarse en el lenguaje, ya que a la persona ya no le vienen a la mente palabras concretas o no es capaz de terminar sus frases. Esto suele ir acompañado de la pérdida del hilo del pensamiento, lo que hace que ya no sea posible mantener una conversación prolongada.
- Cambios de carácter: A medida que avanza la enfermedad, pueden producirse cambios profundos en la personalidad. Estos cambios pueden contrastar por completo con la personalidad que se tenía cuando se gozaba de buena salud. Las personas pueden mostrar una agresividad cada vez mayor, por ejemplo, cuando se sienten frustradas o tienen miedo. Otras personas se vuelven muy reservadas y apenas hablan. Se retraen y pierden todo interés por actividades que antes les resultaban divertidas. Además, puede desarrollarse una ansiedad pronunciada y cierta desconfianza. Las personas afectadas se sienten amenazadas y muestran rasgos paranoicos.
Las cuatro fases de la demencia de Alzheimer
1. Deterioro cognitivo leve (mild cognitive impairment)
En esta fase existen ligeras limitaciones cognitivas que, por lo general, no son percibidas por las personas afectadas, pero que pueden ser observadas por personas ajenas. No obstante, pueden detectarse mediante una prueba diagnóstica. Las personas afectadas en esta etapa aún no dependen de ayuda, sino que pueden desenvolverse en su vida cotidiana de forma autónoma. En resumen, esta primera fase se caracteriza por la presencia de ligeras limitaciones cognitivas que, sin embargo, solo afectan mínimamente a la vida cotidiana de la persona afectada.
2. Fase temprana de la demencia de Alzheimer
En esta etapa aparecen los primeros déficits de la memoria a corto plazo. Ya no se puede recordar información que se les haya comunicado recientemente, ya sea en conversaciones o por teléfono. Las personas afectadas en esta etapa tienen problemas para seguir el hilo de las conversaciones. También muestran dificultades para encontrar las palabras adecuadas y, a menudo, pierden el hilo durante las conversaciones. Aparecen los primeros problemas de orientación espacial y temporal. Por ejemplo, las personas afectadas faltan a citas o ya no encuentran su coche aparcado. En general, aún pueden hacer frente a la vida cotidiana y suelen ser capaces de realizar las tareas domésticas. Sin embargo, para tareas más complejas necesitan ayuda. En esta etapa, las personas afectadas se dan cuenta poco a poco de que algo no va bien e intentan ocultar sus déficits lo mejor posible. A menudo se recurre al humor para distraer la atención de los déficits de memoria o los problemas de orientación. Algunas personas también tienden a aislarse, es decir, se esconden del mundo exterior para ocultar sus limitaciones. Se evitan situaciones nuevas y desconocidas que, para los afectados, podrían resultar imposibles de afrontar sin ayuda. Así, las personas en esta etapa se vuelven cada vez más inseguras y se retraen del mundo exterior. A la par, la personalidad de la persona comienza a cambiar. Quien antes era muy abierto y Quien antes estaba ávido de experiencias, ahora puede parecer muy reservado y temeroso. También puede aumentar la irritabilidad cuando las cosas no salen como a la persona le gustaría o cuando se da cuenta de todo lo que ya no puede hacer por sí misma. Además, puede aparecer una depresión. El estado de ánimo es deprimido y las actividades o aficiones que antes le proporcionaban placer ya no le divierten, y resulta casi imposible motivarla. Se descuida la higiene personal y las tareas domésticas. Se reducen cada vez más los contactos sociales y la persona se aísla en su vivienda.
3. Fase intermedia de la demencia de Alzheimer
En esta fase, la enfermedad ya es claramente perceptible. Ahora se observan déficits no solo en la memoria a corto plazo, sino también en la memoria a largo plazo. Se ven afectados los recuerdos de la memoria declarativa a largo plazo, más concretamente la memoria episódica. Esta es la encargada de almacenar acontecimientos importantes de la vida, como el matrimonio, los hijos y otros acontecimientos trascendentales. Las personas en la fase intermedia tienen dificultades para recordar estas etapas importantes de la vida. Les cuesta recordar cuántos hijos tienen, cuáles son sus nombres y qué edad tienen. Los recuerdos tempranos de la infancia pueden surgir de forma aleatoria y puede ocurrir que los afectados piensen que se encuentran actualmente en la etapa de la vida que recuerdan. Por ejemplo, la persona puede estar convencida de que es un niño y de que debe volver urgentemente a casa con su madre. La orientación espacial se deteriora cada vez más. Las personas pueden tener problemas para encontrar el número de su casa o, en el peor de los casos, ya no se orientan dentro de su propio hogar. Se pierden objetos con frecuencia y se olvidan las citas. Cada vez cuesta más reconocer a las personas y los afectados se sienten cada vez más inseguros en sus acciones, ya que ahora se aprecia claramente que presentan déficits y ellos mismos también lo notan. La personalidad cambia ahora de forma mucho más marcada a medida que avanza la enfermedad. La dirección del cambio de carácter varía de una persona a otra. Algunos se vuelven más agresivos, otros se vuelven muy tímidos y apenas se comunican. Esto puede resultar extremadamente angustioso para los familiares, ya que su pariente cambia cada vez más y la nueva personalidad puede resultar agotadora y desconocida. Además del cambio de personalidad, las personas en la fase intermedia experimentan una fuerte inquietud y nerviosismo. Esto se manifiesta en una mayor necesidad de moverse. Esto significa que los afectados deambulan sin descanso y sin un objetivo claro. Este comportamiento también puede llevar a que las personas intenten escapar de su vivienda o de la residencia. Debido a la pérdida progresiva de la noción del tiempo, el ritmo de sueño-vigilia puede verse alterado, lo que tiene como consecuencia que las personas deambulen por la noche y no consideren necesario irse a dormir, por lo que se acuestan durante el día. En resumen, las personas en la fase intermedia de la demencia de Alzheimer dependen cada vez más de la ayuda ajena, ya que ya no pueden hacer frente a su vida cotidiana por sí mismas.
4. Fase avanzada de la demencia de Alzheimer
En la fase terminal de la enfermedad de Alzheimer, el estado de salud de los afectados se deteriora cada vez más. Ahora son muy propensos a contraer otras enfermedades. La falta de ejercicio y una alimentación deficiente, así como la avanzada edad, pueden contribuir a que las defensas inmunitarias generales se debiliten. Esto les hace extremadamente vulnerables a las infecciones. Esta fase se caracteriza por dificultades para comer, tragar y beber, Una marcada debilidad física, mucho sueño y escasa comunicación verbal. Además, puede producirse incontinencia, ya que, en una fase muy avanzada de la demencia, los enfermos ya no son capaces de interpretar correctamente las señales de su cuerpo. El manejo de la incontinencia requiere paciencia y una buena atención. Productos como los protectores de incontinenciay los calzoncillos de incontinencia pueden ayudar a mantener el bienestar de la persona afectada. En resumen, las personas en la fase terminal dependen de cuidados las 24 horas del día y son muy propensas a las infecciones, que en la mayoría de los casos también constituyen la causa de la muerte.
Detectar a tiempo, actuar a tiempo
Ahora que se conocen las distintas fases de la demencia de Alzheimer, conviene explicar cómo se puede detectar la demencia en una fase temprana y qué puede hacer un familiar para influir positivamente en su evolución y adoptar las medidas adecuadas en beneficio de su propia salud y de la de la persona afectada. En la fase inicial, a veces resulta difícil reconocer los síntomas. Los síntomas de la demencia pueden ser idénticos a los de la depresión. Para que usted, como familiar, pueda estar seguro de qué enfermedad se trata, debe prestar atención a los siguientes signos y, en consecuencia, ponerse en contacto con un médico y concertar una cita para el diagnóstico.
- Pérdida de memoria: los primeros indicios de pérdida de memoria son que las personas ya no recuerdan lo acordado, suelen hacer las mismas preguntas y pierden objetos con mayor frecuencia.
- Problemas cotidianos: un signo temprano de demencia también puede ser que las tareas habituales resulten más difíciles de realizar o provoquen confusión.
- Dificultades para planificar: la persona afectada tiene cada vez más dificultades para planificar su vida cotidiana.
- Confusión: en las fases iniciales, es posible que la persona pierda la orientación y ya no sepa qué día es o en qué lugar se encuentra.
- Dificultades para encontrar las palabras: Otro síntoma puede ser que las personas tengan problemas para hablar, ya que no les vienen a la mente algunas palabras y pierden el hilo durante la conversación.
- Aislamiento social: debido a la inseguridad de no poder valerse por sí mismas, las personas suelen aislarse para ocultar sus deficiencias. Es frecuente que ya no disfruten de actividades que antes les gustaban.
- Cambios de personalidad: ya en las primeras fases pueden producirse cambios de humor. Las personas afectadas se vuelven más ansiosas, irritables y muestran un estado de ánimo depresivo.
¿Qué puedo hacer concretamente como familiar?
Como familiar de una persona con Alzheimer, existen muchas formas de mantener su bienestar y su calidad de vida. Las personas con Alzheimer suelen sentir una gran inseguridad y presentan un estado de ánimo depresivo. No es posible detener los efectos de la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, sí se puede velar por que el tiempo de las personas afectadas sea lo más agradable posible. A continuación, le indicamos algunos aspectos importantes que debe tener en cuenta al tratar con las personas afectadas:
- Paciencia: Lo más importante es mostrar paciencia y comprensión. Dado que las personas pueden mostrarse muy ansiosas o desconfiadas, es importante tomarse su tiempo y ser paciente con ellas.
- Rutina y seguridad: Es importante establecer una Establecer una rutina diaria para evitar el estrés y generar seguridad. Una planificación diaria estructurada resulta de gran ayuda. También puede ser útil colgar un horario en el que se pueda ver en todo momento cuál es la siguiente actividad del día. Además, conviene crear un entorno sin barreras para minimizar el riesgo de lesiones.
- Comunicación: La clave aquí es el tipo adecuado de comunicación. Sea paciente si la persona tiene dificultades para expresarse en las conversaciones o si, en ocasiones, se repite. Es importante que le transmita la sensación de que la escucha. Preste también atención a los gestos no verbales y refuerce lo dicho con una sonrisa o un gesto de asentimiento para transmitir seguridad y aprecio. Evite utilizar palabras complicadas o frases largas, ya que esto puede provocar confusión rápidamente. Evite también las preguntas complejas y dé tiempo a la persona para responder.
- Alimentación y salud: asegúrese de que las comidas se tomen con regularidad y de que sean sanas y equilibradas. Las personas con Alzheimer suelen olvidarse de beber, lo que puede provocar rápidamente deshidratación. También es beneficioso para la salud realizar actividades con regularidad y mantener contactos sociales.
- Busque ayuda profesional: cuanto más avanza la enfermedad, más ayuda necesitan las personas afectadas. Como familiar con un trabajo y una familia propia, el cuidado de una persona con demencia es una carga insostenible, por lo que es importante buscar ayuda a tiempo, ya sea en forma de un servicio de asistencia a domicilio o de un centro de cuidados. Infórmese y elija la mejor opción para usted y su familiar. Es importante que no descuide su propia salud. La enfermedad de Alzheimer no solo supone una carga física y emocional para la persona afectada, sino que la situación también resulta agotadora para los familiares. Existen diversas ofertas para familiares y allegados, por ejemplo, en forma de grupos de autoayuda.
Conclusión:
un diagnóstico de Alzheimer plantea nuevos retos a todas las personas implicadas. Con el conocimiento y la comprensión de la enfermedad, puede mejorar considerablemente la calidad de vida del afectado. La ciencia aún no ha encontrado formas de curar la demencia, pero se están llevando a cabo numerosos estudios sobre esta compleja enfermedad. Es importante formarse continuamente, mostrar comprensión y empatía, y crear una red de apoyo. La detección precoz reviste una importancia fundamental, ya que permite que el diagnóstico y el tratamiento frenen el avance de la enfermedad y mejoren considerablemente la calidad de vida. Para los familiares, un diagnóstico de este tipo también puede suponer una carga extrema. Es importante recurrir a las redes de apoyo y cuidar de la propia salud. Sigue siendo una tarea tanto médica como social transmitir conocimientos, fomentar la comprensión y encontrar nuevas formas de mejorar la vida y la calidad de vida de los pacientes con Alzheimer.