Cuando el cerebro colapsa: el trazo y la lucha contra el tiempo

¿Qué es un ictus?
Un ictus(apoplejía) es una enfermedad cerebrovascular aguda en la que se produce una interrupción repentina del suministro de sangre a una parte del cerebro. Esto provoca una falta de oxígeno, lo que daña irreversiblemente las células cerebrales en muy poco tiempo.
¿Existen diferentes tipos de ictus?
Accidente cerebrovascular isquémico (aprox. el 80 % de los casos)- Provocado por una trombosis o una embolia que bloquea un vaso sanguíneo en el cerebro. Da lugar a una falta de suministro de oxígeno en determinadas regiones del cerebro.
- Se produce por la rotura de un vaso sanguíneo en el cerebro, lo que provoca una hemorragia cerebral que ejerce presión sobre el tejido circundante y causa daño cerebral.
¿Qué es un accidente isquémico transitorio?

¿Tengo un riesgo elevado de sufrir un ictus?
Factores de riesgo no modificables:
- Edad: el riesgo de sufrir un ictus aumenta con la edad, especialmente a partir de los 65 años, ya que la elasticidad de los vasos sanguíneos disminuye y aumentan las enfermedades vasculares.
- Sexo: los hombres tienen un mayor riesgo de sufrir un ictus a edades más tempranas, mientras que las mujeres se ven afectadas con mayor frecuencia a edades más avanzadas y presentan cuadros más graves.
- Antecedentes familiares: Los factores genéticos pueden aumentar la probabilidad de sufrir un ictus, especialmente si ya existen enfermedades cardiovasculares en la familia.
Factores de riesgo modificables:
Hipertensión arterial (hipertensión):- La hipertensión arterial es el factor de riesgo más importante para sufrir un ictus. La presión arterial elevada de forma crónica supone una carga las arterias y favorece la aparición de arteriosclerosis (endurecimiento y estrechamiento de las arterias), lo que aumenta considerablemente el riesgo de oclusiones vasculares y hemorragias cerebrales. Un control precoz y un tratamiento farmacológico adecuado de la presión arterial pueden reducir considerablemente este riesgo.
- Fumar daña los vasos sanguíneos, favorece la aparición de arteriosclerosis y duplica el riesgo de sufrir un ictus. Las sustancias químicas presentes en el humo del tabaco provocan un estrechamiento de las arterias y aumentan la probabilidad de que se formen coágulos sanguíneos.
- Las personas con diabetes tienen un riesgo de sufrir un ictus entre dos y cuatro veces mayor. Los niveles elevados de glucosa en sangre dañan los vasos sanguíneos y favorecen la aparición de arteriosclerosis. Esto favorece el estrechamiento y la obstrucción de los vasos sanguíneos, lo que puede provocar ictus isquémicos.
- Un nivel elevado de colesterol, especialmente de colesterol LDL, favorece la acumulación de grasa en los vasos sanguíneos (placas). Estas placas pueden estrechar las arterias y, por lo tanto, aumentar el riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares isquémicos. También pueden desprenderse y obstruir un vaso sanguíneo en el cerebro.
- Enfermedades como la fibrilación auricular, la insuficiencia cardíaca o las valvulopatías aumentan el riesgo de sufrir un ictus embólico, ya que pueden formarse coágulos de sangre en las cavidades cardíacas o en las aurículas que migran al cerebro y obstruyen los vasos sanguíneos.
- El sobrepeso, especialmente la grasa abdominal, está directamente relacionado con un mayor riesgo de accidente cerebrovascular. A menudo conduce a hipertensión, diabetes y niveles elevados de colesterol. La actividad física regular ayuda a controlar el peso y a prevenir enfermedades cardiovasculares.
- Un consumo elevado de alcohol puede elevar la presión arterial y aumentar el riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares hemorrágicos (provocados por hemorragias). Además, el alcohol aumenta el riesgo de arritmias cardíacas, como la fibrilación auricular, lo que a su vez puede provocar un accidente cerebrovascular isquémico.
- El estrés crónico eleva la presión arterial y fomenta hábitos poco saludables, como fumar o el consumo excesivo de alcohol. Esto puede aumentar indirectamente el riesgo de sufrir un ictus.
- Una dieta rica en grasas saturadas, azúcar y sal favorece la aparición de hipertensión, colesterol alto y sobrepeso. Una alimentación saludable, rica en fruta, verdura y productos integrales, puede reducir el riesgo.

¿Cómo puedo reconocer los síntomas de un ictus?
Los síntomas de un ictus suelen aparecer de forma repentina y pueden afectar a diversas funciones corporales, dependiendo de la parte del cerebro afectada por la alteración circulatoria. Un signo frecuente es la parálisis o debilidad unilateral, que a menudo afecta a la mitad del cuerpo, por ejemplo, en la cara, el brazo o la pierna. Las personas afectadas pueden tener dificultades repentinas para levantar un brazo o la cara puede parecer asimétrica, con una comisura de los labios caída.
Otro síntoma importante son los trastornos del habla y de la comprensión
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Muchos pacientes que han sufrido un ictus tienen problemas para hablar con claridad o encontrar las palabras adecuadas. Otros tienen dificultades para comprender lo que se les dice. Estos trastornos de la comunicación, también conocidos como afasia, pueden resultar extremadamente angustiosos y, a menudo, constituyen la primera señal de alarma de un ictus.Además, pueden producirse trastornos visuales, como la pérdida repentina de la visión en un ojo o la visión doble. También son síntomas frecuentes los mareos, la inestabilidad al caminar o los trastornos del equilibrio. Estas alteraciones neurológicas indican que el cerebro ya no es capaz de controlar correctamente la coordinación motora.
Un dolor de cabeza repentino e intenso, que a menudo se describe como el peor dolor de cabeza, puede indicar, en particular, un ictus hemorrágico causado por una hemorragia cerebral. En algunos casos, este dolor de cabeza va acompañado de náuseas y pérdida de conciencia.

¿Qué medidas terapéuticas multimodales son necesarias?
El tratamiento tras un ictus es un proceso complejo y exhaustivo que abarca tanto el tratamiento agudo como la rehabilitación a largo plazo. El objetivo es recuperar el mayor número posible de las funciones perdidas, mejorar la calidad de vida y prevenir un nuevo ictus. A continuación se detallan las fases y los enfoques más importantes del tratamiento:
Tratamiento agudo
La fase aguda del tratamiento del ictus comienza inmediatamente después del episodio y se centra en la estabilización del paciente, la minimización del daño cerebral y la intervención rápida para restablecer el riego sanguíneo en el cerebro.
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Trombólisis: en caso de un ictus isquémico (provocado por un coágulo de sangre), si el paciente acude al hospital en un plazo de aproximadamente 4,5 horas desde el inicio de los síntomas, se le puede administrar un fármaco trombolítico. Este disuelve el coágulo y restablece la circulación sanguínea en el cerebro, lo que reduce el riesgo de daños permanentes.
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Trombectomía mecánica: en caso de accidentes cerebrovasculares isquémicos especialmente graves o que afecten a una zona extensa, el coágulo puede retirarse mecánicamente mediante un catéter. Esta intervención se lleva a cabo en centros especializados y resulta especialmente eficaz en caso de oclusiones grandes en vasos cerebrales de gran calibre.
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Control de la presión arterial y la glucemia: Independientemente del tipo de ictus, el control de la presión arterial y de los niveles de glucemia es fundamental. La hipertensión arterial puede agravar el ictus, y una glucemia mal controlada aumenta el riesgo de complicaciones.
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Intervenciones quirúrgicas: en caso de un ictus hemorrágico (provocado por una hemorragia en el cerebro), puede ser necesaria una intervención quirúrgica para detener la hemorragia. detenerla y reducir la presión sobre el cerebro. En algunos casos, se repara quirúrgicamente un aneurisma (un punto débil en la pared vascular) para evitar una nueva hemorragia.
Rehabilitación temprana
La rehabilitación temprana suele comenzar ya en los primeros días tras el ictus, tan pronto como el paciente se haya estabilizado. Esta fase es decisiva para minimizar los daños permanentes y comenzar lo antes posible con la recuperación de las funciones.
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Fisioterapia: Una de las primeras medidas tras la estabilización es la terapia de movimiento. En ella, los terapeutas trabajan para recuperar la fuerza muscular, la movilidad y la coordinación. Los afectados aprenden a superar la parálisis (hemiparesia) y a reactivar el cuerpo. El objetivo es movilizar al paciente lo antes posible para evitar también complicaciones como trombosis o neumonías.
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Terapia ocupacional: esta terapia ayuda a los pacientes a recuperar sus habilidades cotidianas. Esto incluye actividades como vestirse, comer, escribir y otras tareas básicas necesarias para la autonomía. Los terapeutas ocupacionales trabajan específicamente en la recuperación de la motricidad fina y la coordinación mano-ojo.
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Logopedia: Los pacientes que padecen trastornos del habla y de la deglución (afasia y disfagia) reciben logopedia de forma temprana. Los logopedas ayudan a los pacientes a volver a aprender a hablar, comprender, tragar y, en algunos casos, también a escribir y leer.
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Terapia neuropsicológica: en caso de alteraciones cognitivas, como la pérdida de memoria o la falta de concentración, se utilizan programas específicos de entrenamiento cerebral. Estos tienen como objetivo ayudar a los pacientes a recuperar sus capacidades cognitivas y a mejorar su autonomía.
Rehabilitación a largo plazo
Tras la fase aguda y la rehabilitación temprana, tiene lugar la rehabilitación a largo plazo, cuyo objetivo es estabilizar los progresos y lograr nuevas mejoras. Esta fase puede durar semanas, meses o incluso años, en función de la gravedad del ictus y de los progresos individuales.
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Se continúan las sesiones defisioterapia y ergoterapia para seguir mejorando la movilidad y las habilidades de la vida diaria. El entrenamiento regular es importante para minimizar las limitaciones permanentes.
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Rehabilitación del lenguaje y cognitiva: para los pacientes que padecen trastornos del lenguaje persistentes o déficits cognitivos, es fundamental recibir atención logopédica y neuropsicológica continua. El objetivo es ayudar al paciente a desenvolverse mejor en su entorno y a recuperar parcialmente las capacidades perdidas.
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Atención psicológica: un ictus también tiene importantes repercusiones emocionales y psicológicas. Muchos pacientes sufren depresión, ansiedad o inestabilidad emocional. La psicoterapia o el asesoramiento psicológico pueden ayudar a superar estos retos.
Seguimiento a largo plazo y prevención
El seguimiento tras un ictus es fundamental para reducir el riesgo de sufrir otro. Un ictus suele ser un indicio de problemas de salud subyacentes que deben ser controlados y tratados a largo plazo.
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Tratamiento farmacológico: para prevenir otro ictus, muchos pacientes reciben anticoagulantes Medicamentos (anticoagulantes o antiagregantes plaquetarios) que reducen el riesgo de formación de coágulos sanguíneos. A los pacientes con colesterol alto se les suele recetar un hipolipemiante (estatina). Los medicamentos para reducir la presión arterial son un componente permanente del tratamiento en la mayoría de los pacientes que han sufrido un ictus.
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Control de los factores de riesgo: Es imprescindible un control estricto de la presión arterial, la glucemia (en personas con diabetes) y los niveles de colesterol para minimizar el riesgo de sufrir un nuevo ictus.
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Cambios en el estilo de vida: Se recomienda encarecidamente llevar un estilo de vida saludable. Esto incluye una alimentación equilibrada y baja en grasas, la práctica regular de actividad física y dejar de fumar. La reducción del consumo de alcohol también contribuye a la prevención de los accidentes cerebrovasculares.
Adaptaciones del entorno
Muchos pacientes que han sufrido un ictus deben adaptar a largo plazo su entorno a sus nuevas necesidades. Esto puede incluir la instalación de accesos sin barreras, barandillas de apoyo, rampas para sillas de ruedas y otros dispositivos de ayuda, con el fin de fomentar la autonomía y reducir el riesgo de caídas.
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Apoyo de los servicios de asistencia: Algunos pacientes necesitan apoyo a largo plazo por parte de servicios de asistencia a domicilio o de familiares que se impliquen en los cuidados.
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Grupos de autoayuda: El intercambio con otras personas afectadas puede proporcionar apoyo emocional tanto a los pacientes como a los familiares que les cuidan, y facilitar la adaptación a la nueva situación vital.
¿Qué secuelas a largo plazo puede tener un ictus?

Consecuencias físicas
- Parálisis y trastornos motores: lo más frecuente es que se produzca una hemiparesia, en la que se ve afectada la mitad del cuerpo. A menudo también se ven limitadas la motricidad fina y la coordinación.
- Dificultades para tragar (disfagia): muchos pacientes tienen dificultades para tragar, lo que aumenta el riesgo de aspiración (entrada de alimentos en la tráquea) y de las neumonías asociadas.
- Espasticidad: pueden producirse espasmos musculares que dificultan los movimientos y causan dolor.
- Incontinencia: muchos pacientes que han sufrido un ictus padecen incontinencia urinaria o Incontinencia intestinal.
Consecuencias cognitivas
- Problemas de memoria: a menudo se ven afectadas la memoria a corto plazo y la capacidad para procesar nueva información.
- Dificultades de concentración: las personas afectadas tienen dificultades para concentrarse en una tarea durante un periodo prolongado.
- Dificultades de planificación: la capacidad para organizar acciones y tomar decisiones puede verse afectada (funciones ejecutivas).
- Trastornos de la percepción espacial: son frecuentes los problemas de orientación espacial, especialmente en los accidentes cerebrovasculares que afectan al hemisferio derecho del cerebro.
Trastornos del lenguaje y la comunicación
- Afasia: problemas para hablar, comprender, escribir o leer, causados por lesiones en el centro del lenguaje.
- Disafrasia: trastornos del habla que se producen debido a una debilidad de la musculatura facial, lo que hace que la pronunciación resulte poco clara.
Consecuencias emocionales y psicológicas
- Depresión: muchos pacientes que han sufrido un ictus desarrollan depresión, a menudo como reacción a la pérdida de sus capacidades y a la dependencia de otras personas.
- Ansiedad: son frecuentes los temores sobre el futuro y la preocupación por sufrir un nuevo ictus.
- Inestabilidad emocional: Las personas afectadas pueden sufrir una gran irritabilidad o cambios repentinos de humor.
Consecuencias sociales y necesidad de cuidados
- Necesidad de cuidados: Alrededor del 40 % de los pacientes que han sufrido un ictus pasan a necesitar cuidados tras el episodio; aproximadamente un tercio requiere asistencia permanente en su vida cotidiana. Esta asistencia puede ir desde un apoyo leve hasta cuidados intensivos.
- Limitaciones de la autonomía: Muchos pacientes ven muy limitada su autonomía en lo que respecta a la movilidad, la comunicación y las actividades cotidianas. Esto limita considerablemente su participación en la vida social y su integración en la sociedad.
- Incapacidad laboral: una parte considerable de los afectados no puede reincorporarse a su trabajo tras un ictus. Los pacientes permanecen de baja por enfermedad a largo plazo y, con frecuencia, se ven obligados a percibir una pensión por incapacidad laboral, lo que puede acarrear cargas económicas y emocionales, así como un deterioro de su situación social.
Necesidades de rehabilitación
- Fisioterapia: para recuperar la movilidad y la fuerza muscular.
- Terapia ocupacional: ayuda a realizar las tareas cotidianas y a mejorar las habilidades motoras.
- Logopedia: para pacientes con trastornos del lenguaje o del habla.
- Psicoterapia: ayuda a superar las secuelas emocionales y psicológicas.
Pronóstico a largo plazo
: La gravedad y la duración de las secuelas dependen en gran medida de la rapidez con la que se detecte y trate el ictus, así como de la intensidad de la rehabilitación. Algunos pacientes pueden recuperarse casi por completo, mientras que otros presentan discapacidades permanentes.
Estadísticas sobre la necesidad de cuidados
- Aproximadamente el 40 % de los supervivientes de un ictus, tras el episodio, que
- necesitan cuidados.
- Aproximadamente el 30 % necesita cuidados permanentes o ayuda en la vida cotidiana, ya sea por parte de familiares o de servicios de asistencia profesionales; la incontinencia y la necesidad de cuidados desempeñan un papel considerable en la vida cotidiana

¿Qué cambios conlleva la enfermedad que no se abordan socialmente?
Un ictus no solo supone cambios drásticos para la persona afectada, sino que también tiene repercusiones profundas en la vida de sus familiares. Estos cambios afectan especialmente a la distribución de roles en la familia, la relación de pareja, la sexualidad y el equilibrio emocional dentro de las relaciones. A continuación se enumeran los cambios más importantes que experimentan los familiares, pero de los que apenas se habla. Esto tiene causas profundas: por un lado, en nuestra sociedad los aspectos económicos o sexuales están asociados a la vergüenza y al estigma; por otro, las familias no quieren que las tensiones internas salgan a la luz. Al fin y al cabo, nos preguntamos constantemente qué pensarán los demás de nosotros. Ahora abordamos aquellos temas que quizá ustedes no se atrevan a tratar. Porque apostamos por una comunicación abierta.
Distribución de roles en la familia
- Asunción de la tarea de cuidados: los familiares, especialmente la pareja o los hijos, a menudo deben asumir el papel de cuidadores sin que se les haya pedido. Esto significa que son responsables del apoyo físico y emocional del paciente que ha sufrido un ictus. Las tareas que antes se compartían ahora las asume una sola persona, lo que altera profundamente la vida cotidiana de cada uno. A menudo, esto hace que se dejen de lado las propias necesidades.
- Pérdida de igualdad: la relación de pareja o la relación entre padres e hijos suele desequilibrarse. Una persona que antes actuaba en pie de igualdad en la relación pasa a ser ahora cuidada por su pareja, lo que conduce a una nueva distribución de roles, a menudo asimétrica.
- Presión derivada de la responsabilidad: los familiares que asumen el cuidado suelen experimentar una gran presión derivada de la responsabilidad. Deben tomar decisiones sobre la atención médica, la rehabilitación y los cuidados, lo que puede provocar estrés y sobrecarga.
Cambios en la relación de pareja
- Cambio en la relación: El ictus provoca un cambio en la relación de pareja, ya que la persona que antes participaba en igualdad de condiciones puede verse ahora en la necesidad de recibir cuidados intensivos. Esto puede dar lugar a una pérdida de la dinámica anterior y a nuevas tensiones emocionales.
- Cambio de roles: una persona que ahora se ve a sí misma como cuidadora puede tener la sensación de que se está perdiendo la relación de pareja que tenían antes y las emociones asociadas a ella. La pérdida de la relación romántica en favor de un papel de cuidador puede debilitar o alterar profundamente el vínculo emocional.
- Carga emocional: La pareja sana a menudo debe lidiar con la frustración, la tristeza y una sensación de agobio, debido a que la dinámica de la relación cambia. Al mismo tiempo, debe apoyar a su pareja, que también se enfrenta a la nueva realidad.
Sexualidad
- Cambios en la intimidad: los accidentes cerebrovasculares suelen provocar cambios en la sexualidad. Las limitaciones físicas, las parálisis y la nueva percepción que el paciente tiene de su propio cuerpo pueden hacer que las necesidades sexuales pasen a un segundo plano. Los pacientes suelen sentirse menos atractivos o avergonzarse de sus limitaciones, lo que afecta a la intimidad sexual. Además, las personas con signos externos visibles de la enfermedad suelen considerarse menos atractivas y menos deseables sexualmente. A muchos familiares les resulta difícil abordar este tema.
- Inseguridad y reticencia: la pareja que presta los cuidados puede sentirse insegura sobre cómo abordar con la pareja afectada los temas relacionados con la sexualidad y la intimidad. Las tareas de cuidados pueden desplazar a la relación romántica, lo que dificulta el acceso a una vida sexual activa. Por ello, no es raro que se produzca un desequilibrio entre las diferentes necesidades de la pareja.
- Aislamiento emocional: Algunas parejas experimentan un aislamiento emocional en lo que respecta a la sexualidad, ya que la necesidad de cuidados establece otras prioridades y relega a un segundo plano la sensación de intimidad. ¿Cuál es el resultado? Los pensamientos y necesidades que suponen una carga se comunican de forma insuficiente o no se comunican en absoluto.
Cargas psicológicas de los familiares
- Sobrecarga y estrés: los familiares que asumen el cuidado suelen enfrentarse a una sobrecarga emocional. Deben ocuparse de la atención del paciente que ha sufrido un ictus y, al mismo tiempo, hacer frente a su propia vida cotidiana. Esta doble carga conduce con frecuencia al agotamiento e incluso alsíndrome de burnout. A muchos les resulta difícil pedir ayuda y apoyo a su círculo de amigos o buscarlo en asociaciones de autoayuda. Sin embargo, no está solo: el intercambio con personas en situaciones similares también puede suponer un alivio.
- Sensación de aislamiento: muchos familiares cuidadores se sienten aislados en su tarea porque su círculo social se reduce o porque no tienen tiempo para sus propios contactos sociales. Esto puede afectar gravemente al bienestar emocional.
- Sentimientos de culpa: los familiares suelen sentir culpa cuando creen que no hacen lo suficiente por la persona afectada o que descuidan sus propias necesidades. Estos sentimientos de culpa pueden suponer una carga adicional para el vínculo emocional con la persona afectada.
Carga económica
- Cambios profesionales: a menudo, los familiares que asumen el cuidado deben reducir su jornada laboral o abandonar por completo su carrera profesional, lo que conlleva pérdidas económicas. Esto puede generar tensiones adicionales dentro de la familia, especialmente si el paciente que ha sufrido un ictus también pierde su capacidad laboral.
- Costes de los cuidados: los costes derivados de personal de cuidados adicional, medios auxiliares y medidas terapéuticas suponen una supone una carga económica adicional. La adaptación de la vivienda (por ejemplo, para que sea accesible) también puede acarrear costes elevados.
Aislamiento social
- Pérdida de tiempo libre: los familiares suelen perder gran parte de su tiempo libre y de su espacio personal, ya que los cuidados requieren mucho tiempo y energía. Las aficiones, las reuniones sociales o los planes de vacaciones pasan a un segundo plano o se abandonan por completo, pues, al fin y al cabo, los familiares cuidadores se exigen a sí mismos seguir adelante, pero, por desgracia, se olvidan de sí mismos en el proceso. Tenga también en cuenta que su familiar dependiente seguramente no desea que se limite a sí mismo. Además, sus propias tensiones emocionales se transmiten al paciente.
- Soledad: el alejamiento de la vida social puede conducir a la soledad y al aislamiento emocional. Muchos familiares cuidadores se sienten abandonados, ya que los amigos y conocidos no pueden comprender la carga que soportan o se rompe el contacto con los demás.
¿Puedo prevenir un ictus?
Sí, en muchos casos se puede prevenir un ictus mediante medidas de prevención específicas, especialmente si los factores de riesgo se detectan y controlan a tiempo. Muchas de las principales causas de los ictus están relacionadas con factores de estilo de vida y de salud sobre los que se puede actuar. Estas son algunas de las medidas más importantes para la prevención del ictus:
| Medida de prevención | Justificación | Qué puede hacer |
|---|---|---|
| Controlar y tratar la presión arterial | La hipertensión arterial es el principal factor de riesgo de sufrir un ictus, ya que ejerce presión sobre los vasos sanguíneos y daña sus paredes, lo que provoca arteriosclerosis y el estrechamiento de los vasos sanguíneos. Esto aumenta el riesgo de oclusiones o roturas vasculares. | Medir la presión arterial con regularidad y, si es necesario, tomar medicamentos antihipertensivos. Reduzca el consumo de sal, ya que la sal puede elevar la presión arterial. A menudo se recomienda un objetivo de presión arterial inferior a 140/90 mmHg. |
| Alimentación saludable | Una alimentación equilibrada puede reducir el riesgo de hipertensión, colesterol alto y sobrepeso, factores que favorecen los accidentes cerebrovasculares. Una dieta baja en grasas y rica en fibra, con abundantes frutas, verduras y productos integrales, mantiene los vasos sanguíneos sanos y reduce los depósitos arterioscleróticos. | Reduzca el consumo de grasas saturadas y colesterol, ya que favorecen la formación de depósitos en las arterias. Aumente el consumo de ácidos grasos omega-3 (presentes en el pescado), que tienen efectos antiinflamatorios y pueden mejorar los niveles de lípidos en sangre. |
| Actividad física | El ejercicio físico regular reduce el riesgo de sufrir un ictus, ya que ayuda a mantener bajo control la presión arterial, los niveles de colesterol y el peso. El deporte también mejora la función vascular, favorece la circulación sanguínea y fortalece el sistema cardiovascular. | Intente realizar al menos 150 minutos de actividad física moderada a la semana (por ejemplo, caminar a paso ligero, montar en bicicleta o nadar). Incluso los paseos diarios o subir escaleras pueden reducir significativamente el riesgo de sufrir un ictus. |
| Dejar de fumar | Fumar Favorece la aparición de arteriosclerosis (estrechamiento y endurecimiento de las arterias) y aumenta el riesgo de coágulos sanguíneos. Las sustancias químicas presentes en el tabaco dañan los vasos sanguíneos y elevan la presión arterial. | Si fuma, debería dejarlo. Tan solo un año después de dejar de fumar, el riesgo de sufrir un ictus se reduce considerablemente. Puede resultar útil contar con el apoyo de programas para dejar de fumar, terapias de sustitución de nicotina o asesoramiento médico. |
| Controle su peso y su nivel de glucosa en sangre | El sobrepeso, especialmente la grasa visceral (grasa alrededor de los órganos abdominales), está estrechamente relacionado con la hipertensión, la diabetes y los niveles elevados de colesterol. La diabetes mellitus daña los vasos sanguíneos y favorece la aparición de accidentes cerebrovasculares. | Adelgace, si es necesario, mediante una combinación de alimentación saludable y ejercicio físico regular. Una pérdida de peso moderada, del 5-10 %, puede mejorar notablemente la presión arterial y la glucemia. Si es diabético, es imprescindible un control estricto de la glucemia para minimizar el riesgo de accidente cerebrovascular. |
| Reduzca el consumo de alcohol | El consumo excesivo de alcohol eleva la presión arterial y puede provocar arritmias cardíacas, lo que aumenta el riesgo de sufrir un ictus isquémico. Además, daña el hígado y favorece la inflamación arterial. | Limite el consumo de alcohol a cantidades moderadas. Se recomienda que los hombres no consuman más de dos bebidas alcohólicas al día, y las mujeres, no más de una. |
| Gestión del estrés | El estrés crónico puede elevar la presión arterial y dar lugar a hábitos poco saludables, como fumar, el consumo excesivo de alcohol o una alimentación poco saludable. La combinación de estos factores aumenta el riesgo de sufrir un ictus. | Desarrolle técnicas para gestionar el estrés, como la meditación, el yoga, los ejercicios de respiración o las pausas regulares en su día a día. También puede resultar de ayuda el intercambio con amigos o el apoyo que ofrece el asesoramiento psicológico. |
| Revisiones médicas periódicas | Muchos de los factores de riesgo de sufrir un ictus, como la hipertensión, los niveles elevados de colesterol o la diabetes, suelen pasar desapercibidos porque no provocan síntomas inmediatos. Las revisiones médicas periódicas ayudan a detectar y tratar estos factores de forma precoz. | Hágase controlar periódicamente la tensión arterial, la glucemia y los niveles de colesterol. Esto es especialmente importante si tiene más de 40 años o ya presenta factores de riesgo. |
El ictus sigue siendo una de las amenazas para la salud más frecuentes en Alemania, pero todos tenemos la posibilidad de reducir activamente nuestro riesgo. La prevención empieza por nosotros mismos: un estilo de vida saludable —mediante una alimentación equilibrada, la práctica regular de ejercicio y dejar de fumar— puede reducir considerablemente el riesgo de sufrir un ictus. La concienciación sobre los factores de riesgo, como la hipertensión, la diabetes y el estrés, también es fundamental.
La responsabilidad de dar un giro positivo a nuestra vida y fomentar la salud a largo plazo está en nuestras propias manos. Un cambio de estilo de vida no es un sacrificio, sino una inversión en nuestro futuro. Al cuidar nuestra salud y tomar medidas preventivas de forma activa, no solo nos protegemos a nosotros mismos no solo nos benefician a nosotros mismos, sino que también alivian la carga del sistema sanitario. Trabajemos juntos para lograr una Alemania más consciente de la importancia de la salud: cada pequeño paso cuenta.