Relevancia de una infección covid-19 y sus consecuencias a largo plazo
La pandemia de COVID-19 ha cambiado radicalmente el mundo desde 2019 y sigue marcando la vida de muchas personas en la actualidad. Aunque la amenaza aguda que supone el virus ya se ha logrado controlar en muchas partes del mundo, sigue siendo un tema de relevancia constante. En el año 2024, el panorama de las medidas de protección, las normas sobre pruebas y la gestión de las secuelas a largo plazo, como el «COVID prolongado», ha evolucionado considerablemente.
Atrás quedaron los días de los confinamientos generalizados y de la obligación omnipresente de llevar mascarilla, pero el virus sigue siendo una realidad con la que debemos convivir. Las medidas de protección se han diferenciado más y se adaptan en mayor medida a las circunstancias locales y a los factores de riesgo individuales. Las estrategias de pruebas también han cambiado: aunque en muchos lugares se han reducido las pruebas periódicas, el acceso a las pruebas rápidas y a las pruebas PCR sigue siendo de gran importancia en determinadas situaciones.
Los avances en la investigación y el tratamiento son decisivos, especialmente para las personas afectadas por el «covid prolongado», cuyo número sigue aumentando. Los nuevos enfoques terapéuticos y las ofertas de rehabilitación especializadas ofrecen esperanza, pero muchos afectados siguen luchando contra las secuelas a largo plazo de la enfermedad. La cuestión de cómo afrontamos estos retos como sociedad sigue siendo de gran actualidad y exige una visión informada y matizada de la evolución de los últimos años.
A continuación, analizaremos con más detalle la evolución actual de la gestión de la COVID-19 y pondremos de relieve cómo han cambiado la protección y la atención a los afectados desde los primeros días de la pandemia. Siga leyendo para saber lo que necesita saber ahora.

Síntomas del «COVID prolongado» y del «post-COVID»
Los términos «infección aguda por COVID-19», «COVID prolongado» y «síndrome pos-COVID» se refieren a diferentes fases y aspectos de la enfermedad causada por el virus SARS-CoV-2 y tienen definiciones específicas:
Infección aguda por COVID-19: describe la fase inicial de la enfermedad tras la infección por el virus SARS-CoV-2. La infección aguda suele durar hasta cuatro semanas e incluye los síntomas directamente relacionados con la infección viral, como fiebre, tos, dificultad para respirar, pérdida del gusto y del olfato y, en casos graves, neumonía y otras complicaciones. La fase aguda finaliza cuando los síntomas remiten y el paciente se recupera.
«Long Covid»: esta fase describe la presencia de síntomas que persisten más de cuatro semanas después de la infección aguda. Estos síntomas pueden ser muy variados y afectar a distintos sistemas orgánicos, como el cansancio (fatiga), la dificultad para respirar, las alteraciones cognitivas («niebla mental»), así como los dolores musculares y articulares. El «Long Covid» sigue considerándose un diagnóstico de exclusión y se diagnostica cuando los síntomas persisten de forma ininterrumpida tras la fase aguda y se mantienen durante al menos cuatro semanas. El término «Long Covid» se utiliza a menudo como sinónimo de «Post-Covid». Esto no es del todo correcto, por lo que es importante diferenciar ambos conceptos en el ámbito médico, aunque la distinción entre ambos sea difusa.
«Post-COVID»: en medicina, el «post-COVID» se define como la fase en la que los síntomas persisten tras 12 semanas y se hace más evidente que podrían ser de larga duración o crónicos. El «post-COVID» abarca tanto los síntomas a largo plazo del «Long COVID» como los estados crónicos que pueden desarrollarse a raíz de la infección por COVID-19.

Cronificación del cuadro clínico
Un cuadro clínico se considera cronificado cuando los síntomas persisten durante más de tres meses y parece improbable que se recupere el estado de salud normal. Esto se aplica tanto al «Long Covid» como a otras enfermedades crónicas, como la encefalomielitis miálgica/síndrome de fatiga crónica (EM/SFC). Las enfermedades crónicas suelen requerir una atención integral y a largo plazo para controlar los síntomas y mejorar la calidad de vida de las personas afectadas.
Prevalencia actual
La situación epidemiológica en Alemania muestra que la COVID-19 sigue circulando, aunque la mayoría de las personas estén vacunadas o ya hayan pasado la enfermedad. En el verano de 2024 se observó en Alemania un aumento de la incidencia de la COVID-19. Este aumento se debe a varios factores:
- Nuevas variantes del virus: desde principios de año se han propagado nuevas variantes, que son responsables de una parte significativa de los nuevos contagios. Algunas de estas variantes presentan una mayor capacidad de transmisión y, en algunos casos, pueden eludir la inmunidad existente, lo que da lugar a una mayor tasa de contagio.
- Efectos estacionales: aunque el verano suele ser una época en la que las infecciones respiratorias disminuyen, este año se ha registrado un número inusualmente elevado de casos de COVID-19. Esto podría estar relacionado con el aumento de los viajes y los grandes eventos que tuvieron lugar durante los meses de verano. Este tipo de actividades fomentan el contacto cercano entre las personas y facilitan la transmisión del virus. Además, la tasa de viajes alcanza su máximo en verano, por lo que las personas vuelven a desplazarse con mayor frecuencia al extranjero y a posibles focos de coronavirus.
- Disminución de la protección vacunal: en muchas personas, el efecto de la vacuna o de una infección previa está disminuyendo, lo que las hace más vulnerables a un nuevo contagio. Aunque las campañas de vacunación siguen en marcha, la disposición a recibir dosis de refuerzo es menor que en años anteriores, lo que contribuye a la propagación del virus.
- Reducción de las medidas de protección: Con la supresión de muchas medidas de protección estatales, como la obligación de llevar mascarilla y las restricciones en la vida pública, han mejorado las condiciones para la propagación del virus. En un momento en el que la población se siente más segura, disminuye la vigilancia, lo que aumenta el riesgo de infección.
La prevalencia del «COVID prolongado» varía según el estudio, pero las estimaciones generales sugieren que afecta a entre el 10 % y el 20 % de las personas infectadas por la COVID-19. Por lo tanto, a nivel mundial, alrededor de 65 millones de personas se ven afectadas por el «COVID prolongado».

Disminución de las pruebas y sus repercusiones
Un factor fundamental que influye en la situación actual de la COVID-19 es la disminución de las pruebas. Desde el pico de la pandemia, muchos países, entre ellos Alemania, han adaptado sus estrategias de pruebas y han reducido el número de pruebas realizadas. Esto da lugar a una menor detección y, posiblemente, a una subestimación de las cifras reales de infección. Según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC), la reducción de las pruebas ha mermado la capacidad de supervisar con precisión la propagación de nuevas variantes y la situación epidemiológica general. Realizar pruebas periódicas de detección del coronavirus en casa permite detectar a tiempo una posible infección por COVID-19. Por lo tanto, se recomienda tener siempre a mano pruebas rápidas en casa. De este modo, no solo velará por su propia salud, sino que también protegerá a quienes le rodean de una nueva infección. De este modo, se puede proteger a los grupos de personas especialmente vulnerables.

Síntomas frecuentes del «Long Covid» y el «Post Covid»
Los síntomas más frecuentes del «Long Covid» abarcan una amplia variedad de molestias que afectan a diversos sistemas orgánicos y que pueden mermar considerablemente la calidad de vida de las personas afectadas.
- Fatiga y agotamiento: un cansancio persistente, a menudo abrumador, que apenas se alivia con el descanso, es uno de los síntomas más característicos y más incapacitantes del «Long Covid». Actualmente, este agotamiento paralizante no tiene tratamiento.
- Deterioro cognitivo («brain fog»): Las personas afectadas suelen referir problemas de concentración, trastornos de la memoria y una ralentización de los procesos mentales, lo que puede dificultar enormemente la vida cotidiana.
- Síntomas respiratorios: la dificultad respiratoria persistente, la tos y el dolor torácico indican una afectación pulmonar, incluso en casos de COVID-19 que inicialmente fueron leves.
- Molestias musculoesqueléticas: los dolores musculares y articulares, así como la debilidad general, pueden afectar considerablemente a la movilidad y al bienestar.
- Síntomas neurológicos: además de los problemas cognitivos, suelen aparecer dolores de cabeza, mareos y trastornos sensoriales, como hormigueo o entumecimiento.
- Trastornos psíquicos: la depresión, los estados de ansiedad y los trastornos del sueño son secuelas frecuentes que pueden surgir a raíz de la aparición repentina de una enfermedad grave.
- Síntomas cardiovasculares: las arritmias cardíacas, las palpitaciones y, en ocasiones, el dolor o la opresión en el pecho pueden indicar una sobrecarga prolongada del sistema cardiovascular.
- Empeoramiento de cuadros clínicos preexistentes: el «long covid» y el «post-covid» pueden agravar de forma permanente enfermedades preexistentes como el asma, las enfermedades cardiovasculares o las enfermedades neurológicas. Los pacientes suelen referir un aumento de los síntomas de estas enfermedades subyacentes, que han sido desencadenadas o agravadas por la infección por COVID-19.
| Categoría | Síntomas |
|---|---|
| Síntomas autonómicos | Fatiga, trastornos del sueño |
| Síntomas cardíacos | Dolor torácico, palpitaciones, opresión en el pecho, síndrome de taquicardia ortostática postural |
| Síntomas cognitivos | Confusión mental, problemas de memoria, dificultades de concentración, depresión, ansiedad |
| Síntomas dermatológicos | Pérdida de cabello |
| Síntomas gastrointestinales | Problemas digestivos |
| Síntomas inmunológicos | Fiebre |
| Síntomas musculares y articulares | Dolores musculares, dolores articulares |
| Síntomas neurológicos | Dolores de cabeza, pérdida del olfato, sensación de hormigueo |
| Síntomas pulmonares | Dificultad para respirar, tos, dolor de garganta |
| Malestar post-esfuerzo (PEM) |

Mecanismos patológicos del «COVID prolongado»
Los mecanismos patogénicos exactos del «COVID prolongado» aún no se comprenden por completo, pero las investigaciones actuales apuntan a varias causas posibles:
- Componentes virales persistentes: se sospecha que algunas partes del virus permanecen en el organismo y pueden provocar una reacción inflamatoria prolongada.
- Reacciones autoinmunes: la COVID-19 puede desencadenar reacciones autoinmunes en las que el sistema inmunitario ataca por error al tejido del propio organismo.
- Disfunción del sistema inmunitario: una desregulación del sistema inmunitario puede provocar una inflamación persistente y la aparición de síntomas.
- Daño orgánico: el daño sufrido por los órganos durante la fase aguda puede tener consecuencias a largo plazo que contribuyan a los síntomas del «COVID prolongado».

Problemas en la vida cotidiana de las personas afectadas por el «COVID prolongado»
El «COVID prolongado» plantea a las personas afectadas retos considerables en su vida cotidiana. Estos problemas abarcan diversos ámbitos, incluidas las interacciones sociales y la participación general en la vida social.
Aislamiento y estigmatización social:
- Aislamiento: Muchas personas afectadas por el «COVID prolongado» se ven obligadas a sufrir aislamiento social, ya que sus síntomas persistentes les dificultan participar en actividades sociales. A menudo, estas personas necesitan apoyo en forma de cuidados físicos o dispositivos de ayuda.
- Estigmatización: Sigue existiendo una falta de comprensión y aceptación del «COVID prolongado». Las personas afectadas pueden ser estigmatizadas y no ser tomadas en serio debido a sus síntomas, que a menudo son invisibles. Debido a la complejidad de la enfermedad, faltan centros de atención especializados y centros médicos específicos. Estos presentan tiempos de espera enormes, de entre 12 y 24 meses, o han tenido que cerrar de nuevo debido a la falta de financiación inicial. Como consecuencia, las personas afectadas y su entorno se sienten abandonadas ante la enfermedad y permanecen en la incertidumbre.
Salud mental:
- Depresión y ansiedad: los problemas de salud persistentes y la imposibilidad de llevar una vida normal pueden provocar depresión y estados de ansiedad. La incertidumbre sobre la duración de los síntomas y la falta de reconocimiento por parte de las entidades financiadoras y la medicina social también contribuyen a estas cargas psicológicas.
Limitaciones en la vida cotidiana:
- Realización de las tareas cotidianas: La fatiga persistente y otros síntomas, como la dificultad para respirar y los dolores, dificultan a las personas afectadas la realización de las tareas cotidianas. Incluso actividades sencillas como ir de compras, realizar las labores domésticas o cuidar de los niños pueden convertirse en un gran reto.
- Movilidad: Muchas personas afectadas tienen dificultades para desplazarse, lo que limita aún más su participación en actividades sociales y profesionales. Como consecuencia, muchas personas ya no pueden llevar una vida autónoma acorde con su edad. El problema no radica en aceptar los medios auxiliares como apoyo, sino más bien en que, con frecuencia, a estas personas no se les concede un grado de discapacidad (GdB) ni se les reconoce un grado de dependencia. También en este ámbito hay muy pocas directrices que tengan en cuenta la COVID-19 a la hora de establecer la clasificación.
Retos laborales:
- Capacidad laboral: Los síntomas del «COVID prolongado» pueden afectar gravemente a la capacidad laboral. Los periodos prolongados de enfermedad y la imposibilidad de reincorporarse al trabajo son problemas frecuentes. Esto no solo conlleva dificultades económicas, sino que también puede afectar a la autoestima y a la identidad profesional.
- Reincorporación laboral: El regreso al puesto de trabajo suele resultar difícil. Se necesitan horarios y condiciones laborales flexibles, pero no siempre se ofrecen. Medidas como el «modelo de Hamburgo» para la reincorporación gradual pueden resultar útiles, aunque a menudo requieren adaptaciones individuales, ya que el periodo de reincorporación no es suficiente para las personas afectadas de forma moderada o grave, por lo que se necesitan nuevos enfoques para integrar de forma permanente en el mercado laboral a las personas con síndrome pos-COVID.
- Largos tiempos de espera: debido a la elevada demanda y a las capacidades limitadas de los centros de rehabilitación especializados, las personas afectadas suelen tener que soportar largos tiempos de espera. Además, son muy pocos los centros especializados en el «Long Covid» y el «Post-Covid». Debido a la falta de evidencia, no debe seguirse un esquema rígido en la rehabilitación. Dada la diversidad de los síntomas y los distintos aspectos prioritarios, es necesario considerar a cada paciente de forma individualizada. A algunas personas afectadas se les desaconseja la rehabilitación debido al malestar post-esfuerzo, ya que el riesgo de provocar un empeoramiento persistente de su estado es demasiado elevado. No es raro que los centros especializados en el síndrome pos-COVID tengan un tiempo de espera superior a 12 meses. Este es un tiempo valioso para que las personas afectadas puedan iniciar un proceso de diagnóstico. También en este caso, la consigna es: esperar.
- Enfoques multidisciplinares: una rehabilitación integral requiere enfoques multidisciplinares que, además de las especialidades específicas —fisioterapia y ergoterapia—, integren la terapia de movimiento, el apoyo psicológico y el tratamiento médico específico, así como una terapia farmacológica actualizada y basada en los últimos hallazgos de los estudios. Sin embargo, estos programas no están disponibles en todas partes.
Cargas económicas:
- Costes del tratamiento y la rehabilitación: Los costes de los tratamientos prolongados y la rehabilitación pueden ser considerables, especialmente cuando no todas las medidas son sufragadas por las entidades financiadoras, como la Seguridad Social y el seguro de pensiones, o incluso las mutuas de accidentes de trabajo. Esto significa que las personas que ya carecen de ingresos deben financiar su terapia por su cuenta. Esto supone una carga adicional para los afectados y sus familias. Una de las razones es que los medicamentos se consideran de «uso fuera de indicación» hasta que hayan superado el proceso de ensayo clínico. Por lo tanto, pueden transcurrir muchos años hasta la autorización oficial de un medicamento. Hasta entonces, estos medicamentos tampoco se incluyen en el catálogo de prestaciones de las mutuas de salud y, por lo tanto, no son reembolsables.
El «COVID prolongado» tiene repercusiones de gran alcance en la vida cotidiana de las personas afectadas y en su entorno social. Se requiere un reconocimiento y un apoyo integrales por parte de la sociedad y del sistema sanitario para hacer frente a estos retos y mejorar la calidad de vida de las personas afectadas.
Posibles enfoques terapéuticos para el «Long COVID»
El «COVID prolongado» es un síndrome complejo con síntomas variados que pueden prolongarse durante semanas o meses. Su tratamiento requiere un enfoque multidisciplinar. A continuación se enumeran algunos de los principales enfoques terapéuticos:
Tratamiento sintomático:
- Fatiga: el «pacing» (gestión de la actividad y el reposo), las técnicas de conservación de la energía y la rehabilitación física son fundamentales para hacer frente al cansancio persistente.
- Molestias respiratorias: la terapia respiratoria y los ejercicios específicos para mejorar la función pulmonar pueden ayudar a recuperar la capacidad respiratoria.
- Síntomas cognitivos: la rehabilitación cognitiva y el entrenamiento de la memoria pueden utilizarse para aliviar los problemas de memoria y concentración.
- Problemas cardiovasculares: seguimiento y tratamiento regulares de las arritmias cardíacas u otros problemas cardiológicos por parte de cardiólogos.
- Trastornos neurológicos: exploraciones y tratamientos neurológicos para abordar los trastornos neurocognitivos.
- Fisioterapia: ejercicios para fortalecer la musculatura y mejorar la movilidad, con el fin de favorecer las funciones físicas.
- Terapia ocupacional: apoyo para llevar a cabo las actividades cotidianas y mejorar la calidad de vida.
- Psicoterapia: apoyo psicológico y asesoramiento para afrontar el estrés emocional y psicológico asociado al «long covid» y al «post-covid».
- Grupos de autoayuda: Participación en grupos en los que las personas afectadas pueden compartir sus experiencias y apoyarse mutuamente.
- Tratamiento del dolor: uso de analgésicos y antiinflamatorios (AINE) para aliviar el dolor y la inflamación.
- Modulación del sistema inmunitario: En algunos casos, pueden utilizarse medicamentos para modular el sistema inmunitario con el fin de reducir las reacciones autoinmunes.
Dado que las causas del «Long COVID» aún no se han investigado lo suficiente, el tratamiento se centra exclusivamente en el tratamiento sintomático. El objetivo principal es aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida de las personas afectadas. Sin embargo, estas intervenciones no constituyen enfoques terapéuticos causales y, por lo tanto, no tienen un carácter curativo. Según el estado actual de los conocimientos científicos, el «post-COVID» no tiene cura. El tiempo es un factor importante en la evolución de la enfermedad, al que se concede gran importancia para recuperarse de una enfermedad postinfecciosa.